
Alberto Braniff Ricard nació en la Ciudad de México el
8 de diciembre de 1884, fue el menor de los seis hijos de Thomas Braniff,
exitoso empresario y hombre de negocios de origen estadounidense, quien
llegó a México en la segunda mitad del siglo XIX, para
participar en la construcción de las primeras rutas de ferrocarril.
A diferencia de sus hermanos mayores que se dedicaban a los negocios de la familia,
Alberto era un joven aristócrata que gustaba de deportes poco convencionales
y por ello era conocido como “Sportman”. Poseía la energía
necesaria para participar en diversas disciplinas; pelota vasca, boxeo, toreo,
automovilismo, motociclismo, casi todos, deportes de riesgo.
Enterado de los avances de la aviación en el mundo, su espíritu
aventurero lo debió llevar a imaginarse cernido en el aire en un potente
aeroplano con el cual pudiera batir todos los récords, por lo que en un
viaje que la familia Braniff hizo a Europa en el verano de 1909, tuvo la oportunidad
de estar cerca de la naciente actividad y escuchar sus avances.
Una mañana en Biarritz, Francia, escuchó el motor de un aeroplano,
con la vista fija observó la dirección que éste llevaba
y de inmediato lo siguió a bordo de un automóvil hasta llegar al
punto donde el avión aterrizó. El piloto era Maurice Tabuteau,
a quien pidió lo llevara a dar una vuelta a bordo del biplano de manufactura
francesa marca Voisin.
Convencido y emocionado, Braniff se trasladó a París en busca de
los hermanos Charles y Gabriel Voisin para comprarles un avión. En el
cercano aeródromo de Issy-les Molineaux tomó las lecciones de vuelo.
No se sabe con exactitud si las intenciones de comprar el aeroplano se debieron
a la emoción de aquel día de verano o ya tenía planes previos,
ya que en México se hablaba de un concurso aéreo como parte de
las celebraciones del primer centenario de la Independencia a realizarse en septiembre
de 1910.
El 14 de octubre de ese mismo año, Alberto Braniff retornó a México,
inquieto como era, siguió participando en actividades sociales. Para el
8 de diciembre, participó en una corrida en el Toreo de La Condesa, fecha
en la que cumplía veinticinco años de edad y muy cercana a la llegada
de su avión a territorio nacional.
Los días posteriores los dedicó a los preparativos para sus primeras
pruebas de vuelos entre los que destacan la construcción de un hangar
de madera y lámina, la limpieza y nivelación de los terrenos del
Rancho de Balbuena (lugar que escogió para las pruebas) donde un Batallón
de Zapadores del Ejército Mexicano se encargó de preparar una franja
de terreno.

. El 15 de diciembre el Voisin, desarmado, arribó a Balbuena,
desde ese día su inquieto propietario permaneció en
el improvisado hangar, armando en compañía de sus mecánicos
y ayudantes cada parte del avión. Cinco días después,
el biplano estaba armado, fue probado al día siguiente y,
los trabajos que iniciaban desde muy temprano, no concluían
sino entrada la noche. Por si esto fuera poco, Braniff participó el
día de Navidad en una carrera de autos que partió de
la Ciudad de México a la de Puebla a bordo de un vehículo
Lorraine-Dietrich de 60 caballos. De regreso, continuó probando
el avión con un recorrido a través del campo. Pese
a ello, el día 28 de diciembre se anunció que las pruebas
se suspendían por faltarle potencia al motor. Inesperadamente,
el 2 de enero de 1910 avión y piloto salieron del hangar dejando
una nube de polvo para intentar elevarse, sin embargo, luego de despegarse
del suelo por unos segundos, el biplano tocó de nueva cuenta
el piso, sin conseguir levantarse más. Sería una semana
después (luego de encargarle a la Compañía Mexicana
de Petróleos “El Águila” una mezcla enriquecida
de gasolina), que el frágil avión pudo hacer que su
motor diera las revoluciones necesarias para poder despegar.
No cabe la menor duda que el 8 de enero de 1910 deja una honda huella en los
anales de la aviación mundial, ya que ese día, paradójicamente,
los diarios mexicanos anunciaban la proeza del piloto Hubert Latham quien en
Francia había alcanzado elevarse en su aeroplano hasta una altura de 1000
metros, volando durante cuarenta minutos y sin preocuparse por las pruebas de
Braniff quien no había podido elevarse en los días previos.
Considerando que el biplano Voisin y su motor estaban calculados y calibrados
respectivamente para las alturas de París, los 2,240 metros de la ciudad
de México representaban un reto casi imposible de alcanzar pero aquel
8 de enero de 1910, cerca de las 11 de la mañana, Alberto Braniff y su
biplano Voisin se elevaron a una altura de 25 metros sobre los llanos de Balbuena,
recorriendo una distancia de 500 metros, convirtiéndose aquel breve vuelo
en el primero en México, el primero en América Latina, el primero
de un latinoamericano en su propio país, y rompiendo un récord
mundial de altura al alcanzar 2,265 metros sobre el nivel medio del mar.
Los escasos asistentes y un reportero del diario “The Mexican Herald” dieron
cuenta del hecho. Días después se efectuaron más pruebas
hasta que el avión sufrió un accidente que causó ligeros
daños a la estructura del aparato, lo que canceló una exhibición
a la que asistiría el primer mandatario de la nación. Reparados
los desperfectos, las pruebas de vuelo continuaron hasta que el 30 de enero el
avión se precipitó a tierra, destruyéndose y causando lesiones
a su piloto.
Después de estas experiencias, Alberto Braniff ordenó la compra
de un aparato Farman que igualmente se trajo de Francia. En el mes de febrero
de 1911, iniciaron las pruebas del avión en los mismos campos de Balbuena.
En días posteriores, Braniff participó en la primera exhibición
de la Moisant International Aviation que se llevaba a cabo en la Ciudad de México.
El 6 de diciembre, a bordo del Farman, realizó el primer vuelo nocturno
en México. Pocos fueron los vuelos realizados en ese año, pues
vinieron problemas con el carburador y la hélice del Farman.
Ya entonces, México estaba inmerso en la revolución que había
estallado en noviembre de 1910 y Alberto Braniff, contrario a la postura de sus
hermanos mayores, no apoyó al decadente régimen del presidente
Díaz, por el contrario, su juventud le permitió tener ideas más
abiertas, apoyando a Francisco I. Madero que se había revelado al gobierno
dictatorial. Durante aquel año (1911) apoyó a éste último
hasta su llegada a la presidencia, luego marchó al norte del país,
volviendo a la capital en 1912 para contraer matrimonio.
En este periodo las actividades aeronáuticas de Braniff cesaron, fue hasta
1914 que volvió a las actividades aeronáuticas pero ahora en un
globo recién adquirido. Posterior a estas ascensiones, dejó de
volar en definitiva para dedicarse a sus negocios.
El 8 de enero de 1935, al cumplirse los primeros veinticinco años de aquel
memorable primer vuelo, la Fuerza Aérea Mexicana, invitó a Don
Alberto Braniff a que develara una placa conmemorativa en honor a su hazaña.
Como gesto de agradecimiento el pionero donó los restos de sus aviones
Voisin y Farman, así como diversos artículos y equipo empleado
en sus primeros experimentos, mismos que entregó al Director del Museo
de la Fuerza Aérea Mexicana.
En 1960 la Secretaría --entonces llamada de Comunicaciones y Obras Públicas--,
mandó hacer una réplica a menor escala del Voisin, rindiendo nuevamente
homenaje a Alberto Braniff con motivo del cincuentenario del nacimiento de la
aviación en México, año en el que el país entró a
la era del Jet. Ya no hubo un homenaje más, Alberto Braniff murió la
madrugada del 16 de septiembre de 1966 en su casa de la Ciudad de México
cuando contaba con 81 años de edad, dejando un gran recuerdo. En su honor
se mandó hacer un busto que se encuentra ubicado en la sala “C” del
Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y hay una calle que lleva
su nombre en la colonia Aviación Civil de la capital del país.
Alberto Braniff Ricard escribió con letras de oro los libros de la aviación
mundial, su proeza quedó asentada en el libro “Historie de L´ Aeronautique” editado
en París en el año de 1932, señalándolo como precursor
y realizador de los primeros vuelos en México











